sábado, 25 de febrero de 2012

4.1

-¿Lauren Pettigrew?
-Sí.
-¿Quién es?
-No lo quieres saber.
-¿Por qué no?
-Porque no.
-¿Qué tal estas?
-Mejor. Me sorprende que no hallas preguntado donde estamos-Me dijo mirando la habitación-.
-¿Dónde estamos?
-En Francia.
-¿Qué hacemos aquí?
-En nuestra nueva casa.
-¡¿Qué?! ¡¿Y mis padres?!
-Ya lo saben, tu eres la ultima en saberlo.
-¿Por qué?
-¿Por qué, que?
-¿Por qué estamos aquí?
-Piensa.
-Ya lo sé, por Lauren pero ¿Por qué Francia?
-Porque él sabe que es el último sitio a donde iría.
-¿Por qué es el último sitio donde irías?
-Porque…-Dijo bajando la vista- esta es mi casa.
Me quedé mirándole fijamente, estaba en su casa, nuestra casa.
-Creía que eras de Italia-Le dije después de un momento-.
-Soy de Italia pero, cuando me convertí yo…-cerró los ojos un segundo y luego los abrió- me viene a vivir aquí, a esta casa con Víctor y Héctor.
-Entonces… ¿Esmeralda está fuera enterrada?
-Me temo que sí.
-¿Dónde están Héctor y Natalia?
-En la habitación de Héctor.
-¿Y la habitación de Víctor?
-Está Stefan.
-¿Stefan? ¿Qué hace aquí?
-Es buena gente.
-Quiero conocerle ¡Dios!-Grité mientras movía la pierna- ¡Como duele!
-¿Estás bien?
-¿Que me pasó?
-Cuando me sacaste la última estaca entraste en una especie de visión más fuerte, caíste al suelo. En el momento que caíste al suelo Natalia salió disparada por la ventana, en la puerta estaba Lauren, te cogió y te tiró por las escaleras, luego le clavó una estaca Héctor en el hombro y a Stefan en la pierna.
-Madre mía…-Dije mientras escondía la cara entre las manos.
Me quedé en esa posición unos minutos hasta que Natalia apareció en la puerta.
-Buenos días señorita.
-Tú y yo tenemos que hablar-La dije-.
-¡Vale!
-¿Te puedes ir un momento Carlos?
-Claro. Te quiero-Me dio un beso y se fue-.
Esperamos las dos a que saliera por la puerta. Cuando desapareció Natalia se tiró en plancha a la cama y se puso cómoda.
-¿De qué quieres hablar?
-¿Qué pasa con Héctor?
-Nada.
-Natalia…
-Vale, si, estamos juntos ¿Te importa?
-No, solo quería saberlo. ¿Y porque has vuelto con él?
-Porque creo que me he enamorado.
-¿Qué te dijo?
-¿Cuándo?
-Cuando tú estabas en casa de Carlos y le gritaste y luego aparecisteis los dos en la puerta abrazados.
-Ese día…
-Sí, ese día.
-Pues me pidió perdón y me suplicó que lo intentáramos otra vez. No me convencía como lo decía pero vi el cariño y el dolor en sus ojos y yo… me derretí. Me enamoré de él.
-¿Te ha hecho o dicho algo?
-Muchas cosas pero ninguna mala.
-¿Quién es Lauren?
-No vuelvas a pronunciar ese maldito nombre.
-Está bien…
-No voy a ser yo quien te cuente esa historia y no la sabrás hasta que no estés preparada.
-Vale…
-Te he dejado tu ropa en ese armario.
-¿Mi ropa? ¿La de mi casa?
-Dirás de tu anterior casa.
-¿Toda?
-Incluidos zapatos y pinturas.
-Si pudiera moverme te abrazaría.
-¿Carlos no te ha dado su sangre?
-¡¿Qué?!
-Espera un momento.
Salió corriendo hacia el pasillo.
-¡Carlos! –Se oyó desde el pasillo- ¡Ven aquí ahora mismo!
-No grites Natalia, te oigo.
-¡Te mereces que te griten!
-¿Por qué?
-¡¿No le has dado tu sangre?!
-Yo… no podía hacerlo.
-¡No se puede ni mover!
Empecé a moverme, primero una pierna, luego la otra y cuando me incorporé no pude aguantarme más y grité de dolor.
-¡Katherine!-Dijo Carlos desde el pasillo- Tendría que habérsela dado ¡Maldición!
Apareció por la puerta y se puso delante de mí. Lo miré y le dije:
-Estoy… bien… creo…
Se mordió la muñeca y me la puso en la boca.
-Bebe, corre bebe antes de que se cierre.
Sentí como su sangre se acumulaba en mi boca y bajaba por mi garganta. Sabía a carne cruda con una pizca de azúcar. Trague hasta que me aparto la muñeca.
-¿Mejor?-Me dijo mirándome arrodillado.
-Creo que sí.
Empecé a levantarme, me dolía todo pero era un dolor agradable. Mareada me tiré a los brazos de Carlos, que me rodearon y, me levantaron en el aire. Enrollé mis piernas en su espalda y le di un beso largo e intenso. Cuando me separé de él le dije:
-Gracias.
No me respondió, lo único que hizo es apretarme con fuerza contra su pecho y puso su cara en mi hombro.
-Lo siento. Lo siento mucho, de verdad.
Entonces nos tumbamos en la cama todavía abrazados y empezó a llorar. Le apreté con más fuerza, era lo único que podía hacer en ese momento.
-Lo siento-Dijo cuando paró de llorar-.
-Mentira, tú no has hecho nada.
-Te he separado de todo lo que tenias, y te he puesto en peligro.
-Eso no es verdad, he sido yo sola.
-Yo…
-Carlos, para.
-Vamos.
-A donde.
Se quedo pensando un momento y me miro a los ojos con una gran sonrisa, todavía se le notaban los ojos rojos de haber llorado.
-Te tendré que enseñar nuestra casa.
Me cogió de la mano y me dirigió hasta el pasillo. Cuando estuvimos a punto de salir de la habitación me dijo:
-¡Ah! Intenta no morir ¿Vale?
-¡¿Qué?!
-Luego te lo explico.
Le mire y me dirigió por el pasillo estrecho hasta la siguiente habitación.
-Esta es la habitación de Héctor, la siguiente la de Stefan y la habitación siguiente el cuarto de baño.
-Quisiera conocer a Stefan.
-Ahora está trayendo la comida.
-¿Qué tipo de comida?
-La de todos, y la tuya.
-Vale.
Al fondo había unas escaleras que conducían al piso de abajo donde estaba la cocina, el salón y otro cuarto de baño.
-Es muy bonita esta casa-Le dije cuando volvimos a nuestra habitación-.
-Lo sé, la escogí yo.
-Me tienes que explicar lo que me has dicho antes.
-Cuando tomas sangre de vampiro y mueres te conviertes en uno durante un rato, si no bebes sangre fresca en todo ese tiempo, mueres.
-¿Voy a convertirme en uno?
-No, tranquila, no estás muerta.
-¿Qué me ha pasado?
-Pues después de que te calleras por las escaleras y yo ser tirado por las ventana, Stefan y Héctor le persiguieron hasta perderle el rastro, Stefan se quedó sin coche y ahora estamos aquí. Cuando Héctor supo lo que le hicieron a Natalia casi vuelve a ir a buscarle.
-¿Me vas a decir ya quien es ese tal Lauren?
-No debería.
-Tendría que saber a que me enfrento.
-Nos enfrentamos.
-Vale, nos enfrentamos.
-No te lo puedo decir de momento, por favor Katherine no hagas ninguna tontería  en  48 horas.
-¿Por qué en 48 horas?
-Porque habrás eliminado toda mi sangre.
-Interesante…-Dije con tono sarcástico.
Oí cerrar la puerta de entrada, era Stefan. Tenía ganas de conocer al verdadero hermano de Natalia.
-¿Puedo saludarle?-Pregunté a Carlos.
-Claro.
Bajé corriendo las escaleras y me encontré a Stefan. Era alto, rubio, con ojos azules y era muy corpulento. Me lo imaginaba más bajo, era enorme, parecía un armario. Era igual que la foto que vi en internet.
-Hola, soy Katherine-Dije extendiendo la mano, me a estrecho y dijo:
-Yo soy Stefan, hermano de Natalia.
-Ya lo sabía.
-¿Cuántos años tienes?
-17 ¿Y tú?
-Muchos para poder contarlos. Eres muy joven para ser uno de los nuestros.
-¿Un vampiro?
-Claro.
-Yo no soy un vampiro.
-Todavía me cuesta diferenciarnos.
Le sonreí amablemente y le ayudé a colocar la comida y “bebida” en la nevera.
-¿Cómo te gusta más la sangre?
-A temperatura humana.
-Vale, desde ahora soy la chica de la sangre-Me miro y empezó a reírse-.
Cuando terminamos de colocar todo cogí libreta y bolígrafo y subí escaleras arriba para preguntar como querían la sangre. Llamé a la habitación de Héctor, que se oían risas desde el interior.
-¡Pase!-Se oyó una voz desde la habitación.
Abrí la puerta y estaban Héctor y Natalia abrazados viendo una película en blanco y negro.
-¿Os puedo hacer una pregunta?
-Claro-Dijo Natalia-.
-¿Cómo os gusta la sangre?
-¿Para qué lo quieres saber?
-Desde ahora soy la chica de la sangre.
-Perfecto-Dijo Héctor-, a mi me gusta a 15 grados.
-A mí a 30-Dijo Natalia levantando la mano-.
-Vale, mañana os preparo uno por la mañana.
-Gracias-Dijeron a la vez-.
Salí de la habitación y me dirigí a la mía, cuando entré estaba Carlos tumbado, leyendo un libro antiguo.
-Hola.
-Hola, ¿Y esa libreta?
-De camarera.
-¿De camarera?
-Sí, desde ahora soy la chica de la sangre.
-Estás loca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario