<<Espero que sea algo útil>> pensé.
-Katherine, ¿puedes subir al escenario por favor?-Dijo Jane.
-Encantada.
-Aquí tienes,-Me dijo Jane señalando la caja.- es tuyo.
Lo abrí, estaba llenos de fotos y cartas de toda la gente a la que conocía, desde que empezó el curso había tenido muchas amistades, pero sobre todo Marina y Jane.
Detrás del todo había un cuadro enorme, pintado por un amigo del padre de Marina. Éramos Carlos y yo en una foto que me hizo Jane al principio de curso, cuando la vi se me escaparon unas lagrimas, era precioso.
-¿Estás bien?-Dijo Marina.
-Si.-Dije entre lágrimas.
-No hace falta que llores, solo es un detalle.-En ese momento ya estaba rodeando a mis amigas con un fuerte abrazo, eran las mejores.
Estuvimos 2 horas bailando hasta que acabó todo, el mejor cumpleaños de mi vida.
-Katherine, ¿Te llevo a casa?
-Claro, pero ayúdame a meter mi regalo en el coche.
-Encantado, pero tengo prisa asique rápido.
Llegamos a casa enseguida, me dejo en la puerta de casa y yo le di un beso en agradecimiento, luego se marcho y hasta dentro de una semana no le volvería a ver.
Bueno, ahora Carlos se ha ido una semana, ahora tengo más tiempo para mí. Tampoco es que tenga muchas cosas que hacer. Carlos me ha dejado a Duch, pero ahora ni Duna, ni Duch me hacen caso, estoy sola.
A las ocho de la tárdeme sonó el móvil, era jane, había una fiesta, pero no quería ir, asique la dije que no. Luego me arrepentí, pero no me apetecía llamarla.
Me pasé la noche pensando en Carlos, en que estaría haciendo, no sabía dónde estaba, entonces, le llamé.
-¿Hola? ¿Carlos?
-¿Qué te pasa Katherine? ¿Estás bien?
-Claro, pero… ¿Dónde estás? No me lo dijiste.
-En Rio, en Rio de Janeiro.
-¡Oye! ¡Pronto es tu cumpleaños! No sé que regalarte…
-Me haces feliz solo con respirar, es el mejor regalo que me puedes dar, estar contigo y nada más.
-Encima de que tú me compras algo, yo no te puedo regalar nada.
-No.
-¿Por qué no?
-Porque no me gustan los regalos.
- ¿Y cuándo vuelves?
-Dentro de cinco días, es mucho sin verte. A lo mejor vuelvo solo. No aguanto tanto sin verte.
-No digas tonterías, estas con tu familia.
-No te creas, yo me quedo en el hotel, ellos se van. A veces me quedo con alice.
- ¿Y por qué?
-Porque no me gusta estar con mucha gente, y ya les tengo que aguantar en casa, sobre todo a Alice.
-Pobre Alice.
-Volveré pasado mañana, ¿Vale?
-¡No! Tú te quedas allí con tu familia Carlos, no puedes venir solo por mí, encima, Rio es muy bonito, yo no sé porque no sales a la calle.
-Ya te lo he dicho no me gusta estar con la gente, y menos con la gente de por aquí.
- Vale tú decides.
-Cuando vuelva, nos vamos a ir tú y yo de viaje a Paris, ¿te parece bien?
-¡Genial! Pero eso sería muy caro ¿no?
-Para mí no.
-Te echo de menos.
-Y yo a ti pequeña.
-Te quiero. Hasta mañana.
-Adiós, te quiero.
Quería que volviera, pero eso sería egoísta por mi parte. Pero necesitaba verle, me alegré cuando dijo que volvería pasado mañana, pero seguro que vuelve antes y me da una sorpresa.
A la una de la mañana, todavía estaba despierta cuando me sonó el móvil, era Jane, ¿qué querría?
-¡Katherine, por favor, ven corre socorro Katherine!
Me cambié corriendo en busca de mi amiga, fui casa de la chica que daba la fiesta, estaban todos mal heridos en el patio, bueno casi todos, algunos estaban dentro supongo.
Detrás de un árbol vi a Jane, y fui corriendo hacia ella. Tenía la cara llena de sangre y las manos, con cortes en el pecho, y también uno enorme en la tripa. Todo el mundo estaba casi igual que ella, me dijo que nadie estaba dentro, el hombre los había sacado a todos fuera y que tenía que buscar a la chica de la fiesta, ella estaba peor que Jane.
Me la encontré en el porche de atrás, estaba con el cuello desgarrado, como si el hombre la hubiera intentado morder, y también tenía la espalda con un arañazo enorme, intente despertarla, pero estaba inconsciente.
Me incorporé, y entonces dentro de la casa, lo vi, era hermoso, casi tan hermoso como Carlos. Tenía un cierto parecido a él. Vino corriendo hacia mí y me miro con cara de deseo, y entonces es cuando apareció, un lobo enorme, con el pelaje color marrón dorado, era precioso, y le vi, era él, no había duda, eran sus ojos, sus ojos, esos ojos, era Carlos.
Empezaron a pelear, se oyeron aullidos de dolor, yo no podía verlo, pero debía, debía ver todo lo que ocurriese, por Carlos, no sabía lo que podría ocurrir y tenía que estar con él.
Después de un minuto el hombre se fue, corriendo, estaba herido, pero Carlos también lo estaba, fui corriendo hacia él, tenía la cara sangrando, pero no era lo único, era la pata, la pata estaba rota, no podía andar, se tiró al suelo derrotado, estaba cansado.
Al rato volvió a su forma normal, las heridas se volvieron pequeñas, y al rato se curaron y la pierna se curó al minuto, estaba perpleja, menos mal que solo estaba la chica inconsciente de la fiesta allí detrás, los demás estaban delante.
Cuando la pierna se colocó, se incorporó.
-Siento que hallas tenido que ver esto.
-¿Quién era?
-Mi hermano.
-¿Qué hermano?
-Te lo contare en otro momento, ahora tenemos que sacar a todo el mundo de aquí, y por favor, no se lo cuentes a nadie, todo lo que has visto ahora, tiene que quedar entre nosotros dos, ¿Vale?
-Si, ¿y qué hacemos con la chica? ¿Está muerta?
-No creo, pero le ha desgarrado el cuello, ha perdido mucha sangre, normal que este inconsciente. Llama a la policía.
-Voy a llamar a la policía, tú vete de aquí, vete a mi habitación y luego hablamos.
-De acuerdo.
Carlos se fue corriendo y se perdió entre los árboles, luego fui corriendo hacia la chica, la cogí y me la llevé delante, ya había gente levantada, pero solo dos o tres y estaban apoyadas en los arboles, todo era horrible. Llamé corriendo a la policía y me fui antes de que se fueran, Carlos me estaba esperando.
Cuando entre en mi habitación el estaba en mi cama, llorando. Fui corriendo hacia él.
-Lo siento, de verdad, lo siento.
-¿cómo que lo siento? ¿Qué tienes que sentir?
-Que lo hallas tenido que ver.
-Carlos, ¿me lo vasa contar o no?
-Era Héctor, mi hermano mellizo, tengo más años de lo que aparento Katherine.
-¿Cuántos años tienes?
-Nací en 1826. Tengo 185 años.
-Eso es imposible, tú… ¡No puedes tener 185 años! ¡Es imposible!
-En 1842 conocí Víctor, el que me convirtió en este monstruo. Era mi mejor amigo en eso tiempos y me prometió estar juntos toda la eternidad haciendo todo tipo de cosas, pero también era amigo de mi hermano. Nos convirtió a los dos y nos mató.
-¿Cómo que os mató?
-A mi me pidió perdón antes de hacerlo, pero a mi hermano no, a él le torturó por a verle quitado a quien más amaba, Esmeralda. Ella era la vida entera de Víctor y ella para Héctor era solo un juguete más.
-¿Qué le hizo?
-Al principio quería arrancarle la cabeza, pero se lo impedí, asique cogió le chupó casi toda la sangre y luego le dio de la suya y cogió la escopeta y ¡PUM! Yo lo vi todo, y… ¡No hice nada para impedirlo!
-¿Cómo que le chupó la sangre? Yo creía que eras un hombre lobo.
-No, no lo soy.
-¿Porqué ha venido a por mí?
-Los hermanos estamos conectados, pero cuando te conviertes en esto, los sentidos se intensifican y parece ser que ese se intensificó más que otros. Cuando uno está triste, los dos están tristes, cuando uno está feliz, los dos estamos felices, y cuando uno está enamorado, los dos están enamorados, de la misma persona. Con la distancia esa conexión se pierde, pero es tan intenso lo que siento por ti, que, el también lo siente, y hoy ha venido a buscarte, supongo que holló a Jane invitarte, pero no holló que no vendrías, y arrasó con todo el mundo, solo buscándote a ti.
-Pero, ¿por qué?
-Es Héctor, nadie ni nada sabe de él. Pero ese horrible y despreciable ser que tengo por hermano quiere quitarte de mi lado, siempre está detrás de todo lo malo que me pasa, pero esta vez podré con él. Por ti le mataré, le aré pedazos y luego lo quemaré.
-¡Carlos! Que estás diciendo ¿te estás oyendo?
-Sí, perfectamente Katherine. No le conoces, no sabes lo que puede llegar a hacer, al principio era buena persona, pero luego se dejó llevar, el, mata por gusto, yo por necesidad.
-¿Por necesidad?
-Sí, pero a ver, yo no mato personas, yo mato animales para alimentarme, también puedo comer comida normal pero no me llena.
-¿Pero por qué? ¿Por qué a mí?
-Porque te quiero y el te quiere también, pero no tanto como yo a ti.
-Y que pasará si te mata, y si no puedes con él, yo… ¡Yo no podría vivir sin ti!
-Katherine, no voy a morir, y si muero por lo menos se que lo hice por ti.
-Carlos, yo… ¿Cómo puedes decir eso? ¿Por qué dices esas tonterías? Carlos, esto no me hace gracia.
-Katherine esto no es una broma, pero por favor vamos a dejar esta conversación.
-Vale, pero por favor, prométeme que no harás ninguna tontería.
-Te lo prometo, pero quiero quedarme contigo esta noche ¿te parece bien?
-Claro.
-Duérmete, hazlo por mí.
-Por ti lo que sea. Te quiero.
-Y yo a ti también.
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