Estaba en su habitación cuando lo supe. Sabía que estaría con ella para siempre y nadie ni nada podría quitármela. Su pelo dorado y eso ojos azules intenso me hacían estremecer y esas manos que parecían de porcelana llenas de ternura y poder.
Ahora solo pensaba en protegerla de él. Tenía que comunicarme con él, pero no sé si tendré suficiente fuerza como antes, pero debo intentarlo.
<<Héctor, escúchame. Héctor, si me estas escuchando dime algo>> pensé.
Oí en mi cabeza una voz cada vez más y más fuerte, tan fuerte que me empezó a doler la cabeza. Era intensa y muy grave. Era Héctor.
<<Te oigo hermano, pero sabes que al final será mía>>
<<No pararé de luchar hasta que Katherine esté a salvo, lejos de ti. No quiero que te acerques a ella ni lo más mínimo>>
<<Carlos, Carlos, Carlos, tan protector como siempre. Voy a hacer lo que me dé la real gana, ya sabes que siempre me salgo con la mía, y esta batalla no será diferente. Te vendría bien comer carne humana, da más fuerza>>
<<No quiero ser tan estúpido como tú, no quiero matar a gente inocente. Prefiero alimentarme como un lobo de verdad, no como un caníbal como tú>>
<<Será mía>>
No tenía fuerzas para seguir. Tenía razón, necesitaba carne humana. Pero lo tengo decidido, solo me transformaré por Kristen. Kristen, mi razón por la que ahora vivo, ella es todo y más. No sé qué haría sin ella.
-¡Carlos! ¡Carlos que te pasa!- Me dijo.
-¡APARTATE!
-¡Carlos! ¿Qué está ocurriendo?- Me avían salido los colmillos y tenía los ojos rojos. Quería saltar sobre ella y quitarle toda la sangre de su cuerpo, pero no podía levantarme. No tenía fuerza, la malgastado hablando con Héctor. Estaba débil e indefenso hasta que me tocó, ella es mi protectora, la mujer a la que amaba. Cuando me tocó sentí una fuerza sobrenatural. Era la fuerza que buscaba, la que me haría seguir con esto, y no me había dado cuenta hasta ahora. Yo no debía protegerla, es ella quien me tiene que protegerme a mí.
-¿Carlos? ¿Qué te ha pasado?- la miré, no podía contestarla, a menos si quería que la ladrase.
Me concentré y volví a mi forma humana, lentamente sentí poder, fuerza por dentro, era Katherine.
-Yo… estoy bien.
-No me lo creo.
-Malgasté mi poder, y… se descontroló.
-¿Cómo que malgastaste tu poder?
-Yo hablé con Héctor y…
-¡Estás loco! ¿Cómo has podido hacer eso? Te podría haber hecho cualquier cosa.
-Pero no lo ha hecho. Vamos a dejar esto.
-¿Estás bien?
-Sí, pero tú podrías estar herida por mi culpa.
-Se que nunca me harías nada.
-Duérmete, mañana será un día largo.
-Mañana se van mis padres 2 semanas y acaba el curso la semana que viene, ¿Te quedas aquí estos días? No quiero estar sola, y duna tiene más miedo que yo.
-Por ti lo que sea, pero duérmete.
A los 5 minutos ella ya estaba dormida. La miré, no puedo vivir sin ella, yo no podría…
Había estado investigando sobre ella desde que empezó el curso, descubrí sus aficiones, color favorito, ropa y comida favorita y de más. Era una chica fascinante, sabía todo sobre ella y ahora ella también sobre mí. No tenia que ocultarle nada, ya la había mentido suficiente. La dije que me iba una semana a Rio de Janeiro pero en realidad estaba de caza, con Alice, que era la única persona a la que le contaba mis problemas. La fascinaban mis historias de lobo y mis consejos y muchas más cosas que no consigo recordar. Me ayudo con Katherine, me dijo lo que tenía que hacer y decir, era mi consejera. Es y serás siempre, mi mejor amiga.
Cuando me paré a pensar en mi vida, en mi familia, mis historias y mis momentos, sentí pararse el tiempo y solo pensé en una cosa, mi vida ha comenzado hoy, ahora que la persona a la que quiero sabe mi secreto.
Oí a los padres de Kristen levantarse, a su madre ducharse y a su padre quejarse de la maleta, creo que era demasiado pequeña. Me colé corriendo por la ventana antes de que entraran en la habitación. Oí como le decían adiós a Katherine y bajaban escaleras abajo.
-Ya puedes pasar,-me dijo con voz ronca- pista libre.
Se había vestido a la velocidad del rayo, como en su cumpleaños, pero ahora vestía una camiseta con un lobo y unos pantalones vaqueros rasgados por el muslo derecho y toda la pierna izquierda.
Duch y Duna estaban en el patio jugando y bajé a darles de comer. Kristen estaba dentro desayunando y le pedí que me sacara algún filete de carne, mientras tanto me transformé y jugué con los perros. Después de estar un cuarto de hora corriendo me cansé de jugar y pasé a desayunar, Katherine me estaba esperando.
-Buenos días.-me dijo-
-Buenos días señorita.
-¿Qué quieres que hagamos?
-¿No tendríamos que ir a clase?
-Mis padres me han dicho que no hace falta que vaya a clase, dentro de una semana empiezan las fiestas de navidad.
-¿Qué quieres que hagamos en navidad?
-¿Paris?
-Genial, pero ¿No hará mucho frio?
-Con tal de estar contigo me da igual lo demás. Bueno ¿Y ahora qué hacemos?
-¿Te llevo a mi lugar secreto?
-¿Dónde está eso?
-En el bosque. Qué prefieres ¿coche o chucho?
-Vamos a probar chucho.
Esta vez la transformación fue corta y leve pero cuando me tocó noté la fuerza y el poder en sus manos acariciando mi lobo. La miré y aullé. Llegamos a mi lugar secreto después de cinco minutos. Era una cueva con muebles de piedra construidos por mí. Aquí había pasado los mejores y peores momentos, solo o con Alice.
-Es precioso.- Me dijo con la cara iluminada- ¿Cómo lo has hecho?
-Con mis manos, ¿Qué? ¿Asombrada?
-Mucho. ¿Por qué me has traído aquí?
-Porque te quiero.
-Yo también.
La di un beso y me giré, vi una flor morada, la cogí y se la di.
Me abrazó y la tiré al suelo, empezamos a jugar y hablar, le conté todo sobre mí y ella también. Luego nos abrazamos en el suelo y nos quedamos allí mucho tiempo, parecía que se había congelado el tiempo, hasta que empezó a nevar.
-Carlos, ¿Cómo sabes mi color preferido?, yo nunca te lo he dicho.
-Porque cuando te vi el primer día, no podía creerlo, y… bueno, investigué todo lo que pude sobre ti.
-Me lo podrías haber preguntado. Yo te lo habría dicho.
-Ya lo sé, pero no me atreví.
-¿Cuándo lo adivinaste?
-Cuando fuiste un día a comprar y siempre mirabas las cosas moradas más que las otras.
-Eres un espía profesional.
-Soy el mejor de los profesionales.
-Creo que deberíamos suspender el viaje a Paris.
-Será lo mejor, lo dejamos para Febrero y así nos perdemos clase.
-Genial.
-Tengo una cosa para ti.-Saqué el anillo que tenía en el bolsillo y se lo puse-.
-Es precioso.
-Era de mi madre y pensé que te quedaría mejor a ti.
-Gracias.-En ese momento ya me estaba abrazando.
Volvimos a su casa y me fui a sacar a los perros. No la dejé mucho tiempo sola por si acaso volvía a por ella.
Cuando entre por la puerta de su habitación empezamos a hablar:
-¿Por qué no te asustas de mi?
-¿Por qué tendría que hacerlo?
-Porque soy un monstruo Katherine.
Ahí terminó la conversación y le aparté la vista. Después me gire a mirarla, estaba llorando. Entonces la abracé pero se resistió y me empujó. Se fue al baño sin mirarme.
Todo era culpa mía, todo lo que la estás pasando. Soy un monstruo.
Salí por la puerta principal como las personas, no como otras veces que salgo por la ventana. No podía creer como había podido gritarla así.
Oí como la puerta principal de su casa se abría.
-¡Carlos! ¡Espera!-Me dijo gritando.
No quería que me viera, estaba llorando, más de lo normal.
-Carlos por favor.-Esta vez me lo dijo más bajo.
-¿Qué quieres Katherine?
-Carlos, lo siento, yo… estoy asustada y no s que hacer…
-No hace falta que te compadezcas de mi.
-Pero que estás diciendo.
-Adiós Katherine. Entiendo que no me quieras ver más.
-Eso es mentira, por favor, Carlos, espera.
-¿Cómo que espere? He visto lo que me has hecho allí arriba y sé lo que significa Katherine.
-No, Carlos por favor quédate conmigo.
Me dejé llevar a su habitación y me senté en su cama.
-Carlos lo siento, no sé porque lo he hecho.
-Katherine lo entiendo vale, si quieres que me valla me iré.
-¡No! ¡No quiero que te vayas Carlos! ¡Quiero que te quedes aquí conmigo!- me quedé tenso.- Lo… lo siento, perdona, no quería hablarte así.- Empezaron a salir lagrimas de sus ojos.- Un momento por favor…
-Katherine…
-Un momento…- se había ido al baño.
Estuvo como 10 minutos encerrada mientras yo miraba sus cosas, y encontré su diario. Me resistí.
-¡AAAHH!-oí de repente, venia del baño.
-¡Katherine! ¿Estas bien?
-¡Una araña!
-¿Me estas tomando el pelo?-En ese momento noté como una presión en mi cabeza pero pasé de ella.
-¡Ahí! ¡Es enorme!-Era más grande que mis dos manos juntas, entonces supe que no era una araña.
-¡Héctor!
-¿Héctor?
-Sí, Héctor.-La araña ya estaba cambiando de forma en ese momento.
-Hola Hermanito, señorita.-de pronto Katherine le escupió- Katherina, eres muy mala.
-Es Katherine, estúpido.-Le dijo ella con deprecio.
-¡Oh! Lo siento, Katherine.
-Katherine, vete.
-¡No!
-Katherine, por favor, vete.
-Carlos…
-¡Vete!
-Hermanito, no se trata así a una señorita como ella.
-Deja ese rollo ya anda.
-Como quieras…
-Por favor, vete de esta casa ahora mismo, aparte, ¿Quién te ha invitado a entrar?
-¿Y a ti?
-Ella. Contesta a mi pregunta.
-Su mami, fue justo ayer.
-¡Estúpida sanguijuela!-Se oyó por detrás.
-Vete por favor.
-Pero tú conmigo, te la debo.
-Vamos.
Salimos por la puerta principal, como hombres civilizados. No le dije nada a Katherine pero luego me acordé del poder que me había dado al tocarme, lo tenía dentro de mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario